17/02/2012

JLB



¿Qué significa para mí ser escritor? Significa simplemente ser fiel a mi imaginación.

JLB

13/02/2012

Mentirme

Muchas veces uno tiende a generalizar a las personas, agruparlas con una etiqueta que las describe a nuestro criterio. Yo lo hacía. Estaba tan decepcionada de la gente, que prefería formarme una idea de aquella que no conocía, una idea bastante similar. Uno sabe y es consciente de que hay personas que llegan a tu vida para molestar un rato. Pero también sabe, con claridad, la facilidad con la que una persona puede cambiar el bendito prejuicio, y revolucionar las ideas.
(No sabés de mi insomnio, de la cantidad de noches que pasé desvelada intentando comprenderme. Las peleas que tuve conmigo misma, y las veces que juzgué lo que sentía. Que lo creí incorrecto, inapropiado.
El desorden de mis pensamientos, mis nervios a flor de piel. Mis palabras llenas de miedo, pero siempre firmes. Tu abismal silencio.
No te imaginás cuánto te quiero, y lo difícil que es pretender que no es así. Y seguir una conversación como si nada pasara, y resignarme a vos en cada despedida.
Y creer en esos finales salvadores, esos finales que te aplastan por completo hasta que te das cuenta de que seguís en pie.
Y mentirme creyendo que como vos hay dos, o tres. Y mentirme pensando que algún día voy a volverme insensible. A medias, o casi por completo. Y ese día nada va a importar. Mentirme.)

Odio el formato de este blog, odio esos espacios que se generan solos, quiero incinerarlo.

11/02/2012

Sal con una chica que no lee

Sal con una chica que no lee. Encuéntrala en medio de la fastidiosa mugre de un bar del medio oeste. Encuéntrala en medio del humo, del sudor de borracho y de las luces multicolores de una discoteca de lujo. Donde la encuentres, descúbrela sonriendo y asegúrate de que la sonrisa permanezca incluso cuando su interlocutor le haya quitado la mirada. Cautívala con trivialidades poco sentimentales; usa las típicas frases de conquista y ríe para tus adentros. Sácala a la calle cuando los bares y las discotecas hayan dado por concluida la velada; ignora el peso de la fatiga. Bésala bajo la lluvia y deja que la tenue luz de un farol de la calle los ilumine, así como has visto que ocurre en las películas. Haz un comentario sobre el poco significado que todo eso tiene. Llévatela a tu apartamento y despáchala luego de hacerle el amor. Tíratela.
Deja que la especie de contrato que sin darte cuenta has celebrado con ella se convierta poco a poco, incómodamente, en una relación. Descubre intereses y gustos comunes como el sushi o la música country, y construye un muro impenetrable alrededor de ellos. Haz del espacio común un espacio sagrado y regresa a él cada vez que el aire se torne pesado o las veladas parezcan demasiado largas. Háblale de cosas sin importancia y piensa poco. Deja que pasen los meses sin que te des cuenta. Proponle que se mude a vivir contigo y déjala que decore. Peléale por cosas insignificantes como que la maldita cortina de la ducha debe permanecer cerrada para que no se llene de ese maldito moho. Deja que pase un año sin que te des cuenta. Comienza a darte cuenta.
Concluye que probablemente deberían casarse porque de lo contrario habrías perdido mucho tiempo de tu vida. Invítala a cenar a un restaurante que se salga de tu presupuesto en el piso cuarenta y cinco de un edificio y asegúrate de que tenga una vista hermosa de la ciudad. Tímidamente pídele al mesero que le traiga la copa de champaña con el modesto anillo adentro. Apenas se dé cuenta, proponle matrimonio con todo el entusiasmo y la sinceridad de los que puedas hacer acopio. No te preocupes si sientes que tu corazón está a punto de atravesarte el pecho, y si no sientes nada, tampoco le des mucha importancia. Si hay aplausos, deja que terminen. Si llora, sonríe como si nunca hubieras estado tan feliz, y si no lo hace, igual sonríe.
Deja que pasen los años sin que te des cuenta. Construye una carrera en vez de conseguir un trabajo. Compra una casa y ten dos hermosos hijos. Trata de criarlos bien. Falla a menudo. Cae en una aburrida indiferencia y luego en una tristeza de la misma naturaleza. Sufre la típica crisis de los cincuenta. Envejece. Sorpréndete por tu falta de logros. En ocasiones siéntete satisfecho pero vacío y etéreo la mayor parte del tiempo. Durante las caminatas, ten la sensación de que nunca vas regresar, o de que el viento puede llevarte consigo. Contrae una enfermedad terminal. Muere, pero solo después de haberte dado cuenta de que la chica que no lee jamás hizo vibrar tu corazón con una pasión que tuviera significado; que nadie va a contar la historia de sus vidas, y que ella también morirá arrepentida porque nada provino nunca de su capacidad de amar.
Haz todas estas cosas, maldita sea, porque no hay nada peor que una chica que lee. Hazlo, te digo, porque una vida en el purgatorio es mejor que una en el infierno. Hazlo porque una chica que lee posee un vocabulario capaz de describir el descontento de una vida insatisfecha. Un vocabulario que analiza la belleza innata del mundo y la convierte en una alcanzable necesidad, en vez de algo maravilloso pero extraño a ti. Una chica que lee hace alarde de un vocabulario que puede identificar lo espacioso y desalmado de la retórica de quien no puede amarla, y la inarticulación causada por el desespero del que la ama en demasía. Un vocabulario, maldita sea, que hace de mi sofística vacía un truco barato.
Hazlo porque la chica que lee entiende de sintaxis. La literatura le ha enseñado que los momentos de ternura llegan en intervalos esporádicos pero predecibles y que la vida no es plana. Sabe y exige, como corresponde, que el flujo de la vida venga con una corriente de decepción. Una chica que ha leído sobre las reglas de la sintaxis conoce las pausas irregulares -la vacilación en la respiración- que acompañan a la mentira. Sabe cuál es la diferencia entre un episodio de rabia aislado y los hábitos a los que se aferra alguien cuyo amargo cinismo continuará, sin razón y sin propósito, después de que ella haya empacado sus maletas y pronunciado un inseguro adiós. Tiene claro que en su vida no seré más que unos puntos suspensivos y no una etapa, y por eso sigue su camino, porque la sintaxis le permite reconocer el ritmo y la cadencia de una vida bien vivida.
Sal con una chica que no lee porque la que sí lo hace sabe de la importancia de la trama y puede rastrear los límites del prólogo y los agudos picos del clímax; los siente en la piel. Será paciente en caso de que haya pausas o intermedios, e intentará acelerar el desenlace. Pero sobre todo, la chica que lee conoce el inevitable significado de un final y se siente cómoda en ellos, pues se ha despedido ya de miles de héroes con apenas una pizca de tristeza.
No salgas con una chica que lee porque ellas han aprendido a contar historias. Tú con la Joyce, con la Nabokov, con la Woolf; tú en una biblioteca, o parado en la estación del metro, tal vez sentado en la mesa de la esquina de un café, o mirando por la ventana de tu cuarto. Tú, la que me ha hecho la vida tan difícil. La lectora se ha convertido en una espectadora más de su vida y la ha llenado de significado. Insiste en que la narrativa de su historia es magnífica, variada, completa; en que los personajes secundarios son coloridos y el estilo atrevido. Tú, la chica que lee, me hace querer ser todo lo que no soy. Pero soy débil y te fallaré porque tú has soñado, como corresponde, con alguien mejor que yo y no aceptarás la vida que te describí al comienzo de este escrito. No te resignarás a vivir sin pasión, sin perfección, a llevar una vida que no sea digna de ser narrada. Por eso, largo de aquí, chica que lee; coge el siguiente tren que te lleve al sur y llévate a tu Hemingway contigo. Te odio, de verdad te odio.

(CHARLES WARNKE)



Creo que encontré la explicación a mi eterna soledad (?)

30/01/2012

Razones que me hacen odiable.

Tengo complejos. Soy consciente de que TODAS las mujeres los tenemos, y hasta algunos hombres también. Pero tengo una lista demasiado larga, creo que cada día genero uno nuevo. Algunos, incluso, son graciosos (tengo una ceja anarquista, por ejemplo)

Soy excesivamente puntual y me altera de forma importante no serlo. Y con puntual me refiero a llegar diez minutos antes, por si acaso vio.

Hay días en los que no tengo sentido del humor. No quiere decir que esté de mal humor, pero por ejemplo, puedo poner Los simpsons en la tele y no reírme. Hasta me ha pasado con The big Bang theory. Es una especie de seriedad que no sé de dónde sale.

No soy una enferma de los celos, pero que los padezco y sufro, seguro.

Tengo un temperamento bastante tranquilo. Metafóricamente hablando, si se corta la luz, prendo una vela. Ah no, ¡pará! Eso es bueno. Descartémoslo.

Si estoy muy embobada con un libro puedo hasta cancelar planes para quedarme leyéndolo. Y si presiento que van a asesinarme por eso, me lo llevo y lo leo en el camino. Y cuando los demás no me miran.

No comparto el amor que siente la mayoría de la gente por el fútbol. Y los platenses por gelp/edlp. Pero asumo mi rareza, sí señor.

Soy obsesiva con la prolijidad y con tener buena caligrafía. Lo único que me permito tener desprolijo es todo lo que sea numérico. No sé si es algo malo pero tal vez molesta, ni idea.

Soy sensible desde un ojo hasta el dedo gordo del pie. Lloro con cebolla, sin ella, con libros, películas, ejercicios de matemática. No dejo pasar un acontecimiento de mi vida sin llorar. Y no sé, me contaron que adelgaza (¿)

En mi casa soy la que determina qué gastos son innecesarios. Y a la que nadie escucha, claro. Hay una fuente de agua en el living que considero un gasto terriblemente innecesario que hasta incluso, genera problemas visuales. Desde que llegó, persiste en mis pesadillas.

Tengo paciencia, pero no esa paciencia que se necesita para armar un rompecabezas de 2000 piezas. No sé cómo hace esa gente, ¡NO SÉ! Yo me imagino revoleando todas las piezas y yendo a hacerme un té de tilo.

25/01/2012

Break

Soy de esas que cierran la persiana para que no entre el sol cuando tienen un mal día, amenazan al despertador y agonizan en silencio (o con música de fondo)
Soy la que renunció aquel día que comprendió que no iban a darle respuestas.
Y también soy la que creyó que las cosas cambiarían siendo menos vulnerable, pero también más humana.
Se rompió. Aquel pensamiento que envolvía el subconsciente hasta alterarlo por completo, aquellos ‘porque sí’ que acompañaban el transcurso de los días, aquel sentimiento cada vez más enérgico, aquella hilaridad que no tenía explicación.
Se rompió todo lo que construí casi sin darme cuenta, en un período de tiempo impensado y con tantas anomalías como simetrías. Fragilidad, una vez más.
(No puedo abandonar las anáforas. Son mi perdición)

22/01/2012

Así

Cuando alguien me pregunta si alguna vez voy a cocinarle, me río.

Hace mucho que no veía una película tan buena como Donnie Darko. No puedo dejar de recomendarla.

Nunca esperes ningún saludo en particular el día de tu cumpleaños, porque ¿sabés qué? No llega.

Dos de mis tres deseos son siempre los mismos, y generalmente no se cumplen, por lo cual este año los pedí con intereses.

Amor es terminar un libro y quedarte cuarenta y cinco minutos pensando cada situación, confirmando hipótesis y reflexionando si pensaba lo que en verdad debía pensar cuando leía, y salir corriendo a suplicarle a alguien que lo lea por sentir viva esa necesidad de comentarlo con alguien más que con el espejo. Eso es amor, ¿lo demás? Boludeces.

El cambio hormonal nos pone sensibles, no pelotudas EH. Nada, te avisaba Florencia.

Tengo sueños reiterados y estoy odiando eso con suma intensidad. Quiero cita con Freud.

Tal vez me falle la memoria, pero a veces no sé dónde dejo el orgullo.

Comprobadísimo: los hombres son CHUSMAS.

Entre mis pocos éxitos, dejé de esperar. Al principio es un vacío insoportable, es no tener un rumbo fijo. Es asumir que tenés un presente, pero nada más. Con el tiempo te cambia, incluso con deslices y recaídas, una parte de vos deja de ser la misma.

Creo que ya lo dije, pero si pudiera mudarme muy lejos, lo haría. La monotonía de mi vida se termina con un cambio radical, no con decisiones rutinarias.

Quisiera creer que todo está en mi mente, como dicen. A veces la exprimo hasta el hartazgo y te juro que no saco nada.

Nunca dejé que una crítica negativa influyera en el grado de admiración que siento por determinadas personas.

No quiero morirme en un geriátrico y mucho menos en un hospital. Quiero morirme así, escribiendo.

20/12/2011

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Ya tuve tiempo, ya lo pensé, me equivoqué, ya esperé, lo sentí, no lo dudé. Ya sé qué es lo que quiero para mí. El problema es que también sé que no lo puedo tener.